Hechos de San Marcos


Pequeño es conocido de Mark como una persona. Se le llama “Juan” en tres de los textos del Nuevo Testamento (Hechos 12:12,25; 13:5,13; 15:37). Los primeros cristianos se reunieron en la casa de su familia en Jerusalén (Hechos 13:13). Acompañó a Pablo y Bernabé en el primer viaje misionero de Pablo hasta Perga en Panfilia. La última mención de Marcos se encuentra en los Hechos cuando se señala que viajó a Chipre con Bernabé.

Los estudiosos que han estudiado el texto del Evangelio de Marcos coinciden en general en que usó alguna fuente literaria básica relacionada con los actuales Evangelios de Mateo y Lucas. El Evangelio de Marcos presenta la menor cantidad de información histórica o geográfica de los cuatro Evangelios. Marcos es el primer autor que utiliza el término Evangelio, que originalmente parece haberse referido a los sufrimientos, la muerte y la resurrección de Jesús. A

este núcleo básico de la enseñanza cristiana temprana Marcos añadió otros elementos de la vida temprana de Jesús, creando así el formato de Evangelio que encontramos en los otros Evangelios.

Mark presenta la vida de Jesús dentro de un marco que se compone de ciertos temas: el Mesías de Jesús; su predicación del Reino de Dios; los milagros de Jesús; los sufrimientos, muerte y resurrección de Jesús; y las últimas instrucciones de Jesús a sus seguidores. El examen interno de su Evangelio apoya la opinión de que Pedro fue una fuente directa de gran parte del material de Marcos. El Evangelio de Marcos en cierto sentido representa la forma más simple del mensaje cristiano primitivo, o kerigma. Como el Mesías, Jesús pasa algún tiempo en el desierto. Luego reúne a sus discípulos, predica el nuevo mensaje, hace milagros para probar su autenticidad, y finalmente es alcanzado por su destino designado por Dios de morir en una cruz y así lograr la salvación de todos los hombres. Se muestra a sí mismo después de la muerte para demostrar que está vivo y es la fuente de la vida.
Más lecturas sobre San Marcos

The Early Gospel (1943); Alfred E.J. Rawlinson, The Gospel of St. Mark (6ª ed. 1947); Vincent Taylor, ed.,


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